17 junio 2013,
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El color en la decoración es proyección, deseo e impulso. Sumergirse en los colores de nuestra casa es aceptar nuestra identidad como valiosa y única.

La elección de los colores a la hora de decorar un espacio es muy importante; ya que  cada color provoca diferentes reacciones a los ojos, dependiendo de factores como la calidez, el brillo o la saturación.

Todo esto nos predispone a encarar el día de una u otra forma.

Los colores cálidos (rojos, amarillos, naranjas) y todas sus gamas intermedias actúan como estimulantes y generan efecto de cercanía.  A diferencia de los fríos (azules, verdes, violetas), en diferentes escalas, son relajantes y muestran distanciamiento, aplican al orden y al aseo.

Mientras más claro sea un color más luminoso será el espacio, por tanto es muy importante tener en cuenta las dimensiones reales de las zonas donde se colocará el color. Las fuentes de luz naturales condicionan la amplitud o disminución de la claridad del ambiente, mientras que los matices oscuros alejan visualmente las paredes, creando profundidad.

En el día a día no es común detenerse a observar los lugares en los que habitamos, pero a la hora de decorarlos se debe tener en cuenta que nuestros sentidos sí los perciben. Son imágenes que estimulan nuestras emociones, evocan recuerdos o simplemente son bellos a la vista.

 

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